Diablo III
Para algunos, la llegada de Diablo III este pasado 15 de Mayo no significó más que tolerarme al hablar por horas de la historia, características y peculiaridades del nuevo juego de Blizzard. Y es que la franquicia Diablo siempre ha guardado un lugar especial en mi corazón, por mas blasfemo que se escuche.
Me tocó estar ahí cuando el primer Diablo tomó por sorpresa a los jugadores del mundo. Un título exclusivo para PC inicialmente, después lanzado para PlayStation, en donde el control de la acción era via el mouse principalmente. Clickity clack todo el día. No se si sea el primero en el género, pero para mi fueron dos cosas: descubrir el género de los dungeon crawlers, hack & slash, y parar oreja para cualquier cosa que Blizzard hiciera en el futuro ya que era la segunda vez que me sorprendía con algo totalmente nuevo y desconocido para mi (la primera fue con Warcraft). Recuerdo perfectamente toparme con el “Butcher” en el primer nivel del laberinto de la Catedral de Tristam. Su grito de “Ah, fresh meat” era sinónimo de tener que reiniciar el juego con la esperanza de que no volviera a salir. La muerte segura.
Cuatro años mas tarde, Diablo II. En ese entonces ya había yo pasado por Warcraft, Warcraft 2 y su expansión, Diablo, Starcraft y su expansión: Brood Wars. Blizzard ya era grande en el mundo del juego online, y Battle.net era poco más que el nexo entre los distintos juegos de Blizzard y su componente online. Diablo II fue grande, pero nada revolucionario si lo comparamos con su antecesor. Para empezar, los escenarios ya no eran completamente generados al azar. Además, uno de los aspectos que más me atrajeron al primer Diablo fue que literalmente ibas descendiendo al infierno nivel tras nivel, después de entrar a la Catedral de Tristam. En Diablo II la mayor parte de los escenarios son espacios abiertos.
Tan solo 12 años después (Diablo II salió en el 2000) Blizzard completa otra entrega de la franquicia Diablo, aún cuando su desarrollo se inició desde el 2001, un año después de Diablo II. Diablo III me recuerda mucho a como ha evolucionado OSX, implementando características de su hermano iOS, solo que Diablo III se las copia a su hermano World of Warcraft, también conocido como la gallina de los huevos de oro de Blizzard. En los 12 años que pasaron, Battle.net pasó de ser un simple nexo a una compuerta virtual que separa los diferentes mundos que Blizzard crea con sus juegos. Battle.net es necesario para comprar, activar, descargar y jugar cualquiera de los juegos de Blizzard, sea multijugador o no.
Si creían que el DRM que te impide iniciar una partida a menos que tengas una conexión a Internet para autentificarte es molesto, eso no es nada en comparación de lo que Blizzard ha hecho. Pero la verdadera hazaña es haberlo hecho de una manera en la que es completamente necesario. Battle.net no solo es necesario para autentificarte, sino que además forma parte del juego. Sin Battle.net, sencillamente tu juego no funciona, y por lo mismo esta restricción no puede eliminarse con un crack y ya. Para poder eliminar la necesidad de una conexión permanente, necesitarías un servidor que emule Battle.net. No es que esté yo de acuerdo con el DRM, y por supuesto que me gustaría jugar Diablo III sin estar conectado a Internet (por ejemplo durante un vuelo, aunque mi laptop no tenga lo necesario para correrlo) pero es fascinante la tecnología detrás de un juego que literalmente le hacen falta piezas clave, y estas se encuentran en el servidor. ¿Alguien dijo uncrackable?
¿Por que? se preguntarán… bueno, en Diablo III parte de la funcionalidad del juego se encuentra ejecutándose en los servidores de Blizzard. Diablo III se comunica con Battle.net por medio de protocol buffers, los mismos que Google usa para la comunicación y ejecución de métodos remotos (RPC) en sus servidores. Tanto el cliente (o sea nosotros) como el servidor (Battle.net) define distintos servicios. Por ejemplo, el proceso que genera los niveles aleatorios (conocido como DRLG o Dungeon Random Level Generator) se ejecuta del lado del servidor aunque el cliente tiene cierto control sobre el proceso.
Todo bien pero, ¿y el juego? En lo personal, no decepciona. Ir con tus amigos en una partida mutijugador a atacar a las fuerzas del mal es tan divertido como lo era en Diablo II (el Diablo original nunca lo pude jugar online). Claro que fue frustrante no poder jugar el día de lanzamiento, aún cuando había preordenado el juego meses antes. Pero no es posible que la gente se queje del DRM en Diablo III siendo que se anunció perfectamente claro que así sería, que no se podría jugar sin estar conectado a Internet, que la conexión es requerida, aún en single player, por las razones que ya describí anteriormente.
¿Se hubiera podido desarrollar de otra manera, sin necesitar conexión a Internet permanente? Claro que si, ¿pero porqué habrían de hacerlo? Les funcionó tan bien en World of Warcraft, y aunque Diablo III no es un MMORPG, tiene suficientes elementos del mismo como para justificar el DRM tan agresivo.



